RÃo perdido
RÃo perdido —Y, además —continuó el muchacho—. Less Setter lo oyó también. Me fijé mucho en él; ¡ojalá hubieras podido ver la mirada que Setter echó a papá!; en cambio, se limitó a decir: «Blaine, tomaré unos muchachos y me iré mañana a ver a Ide». Papá entonces le hizo entrar en la cabaña y cerró la puerta. Me puse junto a la ventana, pero no oà nada. Ahora voy a volver allà por si me entero de algo más.
—Cuidado, Marvie —murmuró Ina, temblando no sabÃa por qué.
—¡Oh, me moveré como un piel roja! —afirmó el chico, muy ufano—. Less Setter se figura que soy un tonto y papá tampoco cree que he inventado la pólvora.
Dicho lo cual se marchó corriendo, dejando a Ina entregada a sus vacilaciones. Sin embargo; la joven se fue a dormir antes de que Marvie regresara del rancho y cuando despertó a la mañana siguiente, ya el chico se habÃa marchado con los vaqueros.
Ina echó de menos a Marvie por otro motivo muy distinto, pues con el domingo llegó también el inevitable Sewell Macadam. Marvie siempre la habÃa salvado en tales momentos de todas las situaciones embarazosas y esta vez se habÃa marchado a pescar. Ina, que confiaba en verse libre del asedio de Macadam durante el verano, se puso de un humor endiablado, agotándose casi su enorme paciencia.