RÃo perdido
RÃo perdido —Papá, estoy aquà en la tienda. Bueno, sal.
—No pienso salir, por ahora.
—¿Cómo? —gritó su padre, furioso, golpeando el suelo con el pie.
—Me parece que me voy a encontrar mal… pronto… De modo que no quiero salir.
—¡Con qué audacia lo dijo y cuán segura estaba Ina de sà misma! Casi le daban ganas de echarse a reÃr.
—Ahora mismo vas a salir y pedir perdón a Sewell —dijo su padre elevando aún más la voz.
—No haré nada de eso —replicó Ina de un modo que sorprendió a su padre, pues nunca la habÃa oÃdo usar semejante tono. Ni ella misma se habÃa oÃdo hablar de tal manera. Con todo, estaba asustada la joven.
—¿Qué ha pasado?
—El señor Macadam me ha insultado.
—¿Ah, s� ¿Y cómo?
—Trató de besarme. Después, hablando, volvió a insultarme y le crucé la cara; y terminé diciéndole que jamás le volverÃa a dirigir la palabra.
—Pero, Ina, tú le hablarás, ¿verdad? Se trata de algo muy serio para mà —suplicó Blaine con voz ronca.
—Lo siento, papaÃto. Hiciste mal en darle alas —re puso Ina—, porque no volveré a mirarle siquiera.