RÃo perdido
RÃo perdido —¡Muchacha! ¿Quién eres tú para contrariarme de ese modo? ¡Exijo obediencia! —dijo su padre, enfurecido—. Sal en seguida, antes de que eche la puerta abajo. Al mismo tiempo agarró el pasador y sacudió la puerta. Ina se detuvo un momento antes de responder; habÃa llegado la crisis y le dolÃa mostrarse desobediente. Mas en ello le iba la libertad, su misma vida, y era preciso oponerse a la intolerancia y dureza de su padre. Con voz clara y firme, dijo:
—Papá, si fuerzas la puerta y me sacas fuera, ante ese imbécil, iré después a Hammell aunque sea a pie y… me buscaré un empleo y, si es preciso, me colocaré de camarera en una fonda.
La joven oyó como su padre proferÃa algunas palabras incoherentes. El pasador de la puerta se movió, pero sólo porque la pesada mano de Blaine acababa de soltarlo. A poco, los pasos recios se alejaban; oyóse de pronto la voz de su madre, rompiendo el silencio.
—Hart, lo he oÃdo todo. No le guardes rencor a Ina. —¿Rencor? ¡Ah, ah, ah! Estaba furioso, loco, pero me ha vencido… esa hija tuya tan… académica… ¡Vive Dios…! ¡Ha podido con su padre!