Río perdido

Río perdido

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Ina, mirando la mesa llena de papeles, se preguntó por qué su padre no querría tenerla en la oficina. Luego oyó el ruido de caballos, y por la ventana vio llegar a Setter y tres vaqueros. También apareció de pronto su padre, saliendo de la otra cabaña. Setter lo detuvo, y despidiendo a los vaqueros, se apeó, yendo con Blaine hacía la oficina.

La ventana estaba abierta, e Ina se echó un poco atrás para que no la viesen. Al acercarse su Padre y Setter, la joven se quedó quieta, escuchando, sin remordimientos, la conversación.

—… Veinte caballos salvajes, medio domados —decía. Setter con entusiasmo—. Ide debió de salir anoche, pues no le vi. La puerta estaba cerrada, pero logré abrirla. ¡Buena vivienda tiene allí!, limpia y aseada como si una mujer le atendiera. No había nada más que provisiones de las que nos servimos.

—Claro está que si Ben Ide no estaba, no ha sido posible hablar de negocios —dijo Blaine, pensativo.

—No, pero iré otra vez y me quedaré hasta que vuelva —observó Setter.

—Como quiera, pero ya sabe que soy contrario a ello.

—Lo sé —dijo Setter can paciencia—, pero ¿por qué? No me da usted ninguna razón buena.

—Creo que tampoco la tengo, excepto que conozco al padre del chico, Amos Ide.


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