RÃo perdido
RÃo perdido —Yo aún le llamarÃa casa peor —declaró Setter con sarcasmo—. ¿Por qué no me informó del asunto? Me hubiese opuesto. ¡Sewell Macadam! ¡Ese majadero con cara de tonto!… Blaine, si usted hubiese insistido en casarlo con su hija, me habrÃa opuesto.
—¿Ah, s� —exclamó Blaine.
—SÃ, señor.
—¡Un cuerno hubiese usted hecho! —dijo exasperado el hacendado, revelando de pronto su antiguo carácter de hombre independiente y duro luchador. Ina se emocionó profundamente al oÃrlo.
—¡Bah!, excusémonos discutirlo ahora —añadió Setter, conciliador otra vez—. Lo de Macadam ya pasó. Es muy seguro que más vale que nos hayamos desembarazado de ese astuto vejete.
—Creo que sÃ, especialmente porque es muy amigo del banquero de Amos Ide. Me costó mucho persuadir a Amos para que entrara en nuestra combinación.
—No se apure en ese sentido, Hart. Amos Ide está con nosotros hasta el cuello más de lo que se figura… ¡Hola! Ahà vienen los vaqueros que mandé al lago Mule Deer. ¡AquÃ, muchachos!
Uno de los jinetes se destacó del grupo y se dirigió al sitio donde estaban Setter y Blaine.