RÃo perdido
RÃo perdido —SÃ, papá, hablé muy en serio. Pero, claro, segura mente encontrarÃa otro empleo mejor que ése.
—Bien, no hace falta que pienses más en ello. Me avergüenzo un poco de aquello, pero lo que no me parece bien es la opinión que tu madre tiene de mÃ. Al fin y al cabo, trabajo por mi familia y no para mÃ.
—Lo sé, papá; pero a mamá, a mÃ, a Dall, y a Marvie también, nos gustarÃa tu bondad y tu cariño ahora, mucho más que una prueba material de ellos en el futuro.
—¡Ajá! La verdad es que he andado muy preocupado últimamente —repuso su padre, sin comprenderla del todo. HabÃa recibido una gran impresión, pero para su obtusa mente se necesitaba mucho más para llegar a la clara comprensión de las circunstancias—. Y por lo que barrunto, aún tendré mis preocupaciones. Con todo, no vayas a figurarte que tu viejo padre esté vencido, a pesar de que su hija predilecta le haya hecho retroceder.
Ina le besó la atezada mejilla apoyando la mano en su hombro.
—Un dÃa te alegrarás de que tuviese suficiente energÃa e independencia para afirmarme en mis derechos… Yo creo, papá, que el enriquecerte asà de pronto te ha colocado en una situación en que tienes que decidir sobre cosas que son nuevas para ti. Y algunas de esas cosas están empezando a darte disgustos.