RÃo perdido
RÃo perdido —Señor Strobel —empezó la joven con calor—. Ben. Ide y yo hemos sido condiscÃpulos. Al volver a mi casa, tras de cuatro años de ausencia, me lo encuentro convertido en un proscrito. Lenguas embusteras dicen que él es un… un ladrón. ¡Eso es un crimen! Ben ama la vida selvática, la caza de los caballos sobre todo, pero es honrado a carta cabal. A mà me consta, señor Strobel. No se trata de la creencia de una muchacha sentimental… He hablado con Ben y me coloco enteramente a su lado.
—Bueno, bueno, señorita Ina, paréceme que Ben no está tan mal en cuanto a amigos —repuso Strobel mirándola fijamente.
Ina le contó entonces la visita de Setter a Ben y la lucha entablada, tal como lo habÃa oÃdo relatar a Bill Sneed, y pronto echó de ver el efecto que el relato tuvo sobre el alguacil.
—Su padre no lo contó de ese modo —observó Strobel con calma.
Claro que no, pero yo se lo he contado a usted tal como lo oà de boca de Bill Sneed —repuso Ina con calor—. Vaya a buscar a Sneed y que él se lo repita. Naturalmente, Setter jurará que Bill Sneed hace causa común con Ben, pero yo le digo que no vio a Ben hasta aquel dÃa de la lucha. Sneed es un hombre recto. Setter no lograrÃa torcerlo.