RÃo perdido
RÃo perdido Al dÃa siguiente pasó Ina por las mismas luchas con su amor, y asà continuó dÃa tras dÃa, colmando su inquietud Marvie, quien tanto querÃa a su hermana y deseaba que viniese con él a ver a Ben.
—No te entiendo —dijo un dÃa el muchacho con impaciencia—. Creà que te gustaba Ben. Quédate, pues, en casa y juega con Dall. No eres pareja para un hombre; eres una veleta, no sabes, lo que quieres. Iré solo y le diré cosas a Ben.
Ina, al, oÃrlo, se echó a temblar.
—¡Cuidado si lo haces! —exclamó la joven, furiosa.
—¡Caramba! Ina, eres un misterio. Casi temo que se lo dirÃas a papá, si me escapara otra vez.
—Claro que lo haré, a no ser que me prometas no decir nada a Ben —dijo Ina aprovechando la coyuntura.
—Muy bien, prometo decirle sólo lo que tú quieras —contestó Marvie capitulando—. Lo que no puede ser es que vaya y no le diga nada.
—¿Y por qué no?
—Porque es preciso que le diga algo de ti. Estamos de su parte, ¿no? Y él lo sabe. ¿No fuiste amable con él cuando hablabais en el rancho de Hettie Ide? Cuando menos me lo pareció entonces. ¿Es que, de pronto, te has cansado? ¿Te vuelves cobarde y quieres ofenderle? Ahà está esa lucha que tuvo con Setter, que tanto nos complació. ¿No quieres que lo sepa?