RÃo perdido
RÃo perdido —¡Espérate, Marvie! —imploró Ina, sucumbiendo ante el bombardeo de palabras de lógica, desdén y lealtad. El chico tenÃa toda la razón. Ben interpretarÃa mal su silencio. Era, necesario enviar un recado, decirle algo que fuese tan eficaz como lo que dijera aquella noche en casa de Hettie. Pero… ¿qué? Necesitaba tiempo para pensar lo, y allà estaba Marvie, mirándola con cara de disgusto.
—Dale recuerdos de mi parte —empezó, sin saber a dónde le llevarÃan sus palabras—. Dile que me alegro mucho de que haya cogido tantos caballos salvajes. Dile que el alguacil mayor Strobel… No, no importa…
—¿Y eso es todo? —preguntó Marvie, al detenerse su hermana—. ¡Vaya un recado!
—¡Oh, cállate! Eres el mismÃsimo demonio —exclamó Ina, desesperada—. Puedes decirle a Ben que creà morirme de risa al ver a Setter…, al saber quién fue el que le pegó… ¡Ya está dicho! —Pero la emoción y la alegrÃa que advirtió en el rostro de Marvie la obligaron a decir todavÃa más.
—Y dile que venga aquà —exclamó apresuradamente.
—Ahora estás hablando como se debe —repuso Marvie satisfecho—. Ya sabÃa yo que te deshelarÃas. ¡Pero, cuidado que me has tenido vacilando! Iré a ver a Ben tan pronto como coja uno de nuestros caballos.