Río perdido

Río perdido

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Después de marcharse Marvie, y tras la reacción del momento, Ina estaba segura de que se sentiría infeliz y enferma, mas nada de eso sucedió. No se conocía a sí misma. ¡Qué ardor en las mejillas! Deseaba correr, cantar, bailar. ¡Qué ridiculez negar la juventud, la esperanza, el amor! Sentíase feliz por primera vez en muchos días, porque la verdad de su corazón había abatido la vanidad y el orgullo… Estaba feliz por haber enviado recado a Ben de que viniese. Era posible que no viniera, mas eso no cambiaba el hecho de su franca invitación. Además, no le gustaría que viniese muy pronto…, cuando menos, no hasta que hubiera logrado cierto dominio sobre esa nueva modalidad que en ella habíase revelado.

A media mañana, sintióse atraída de pronto por su lugar favorito, el que frecuentaba raras veces hasta llegar la tarde; y apenas acomodada en la roca, vio a un jinete que remontaba la ladera por el lado oeste del lago. Los vaqueros no tomaban nunca aquella ruta. No había sendero alguno allí. Ina preguntóse, curiosa, quién podría ser. Lo cierto era que el jinete trataba de rodear el rancho entrar en él. Fijándose bien, Ina no recordó haber visto ni al jinete ni al caballo.

El hombre, al llegar a la cima, a cierta distancia del lugar donde se hallaba Ina, se dirigió en derechura a ella. No cabía duda, la había visto en la roca.


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