Río perdido

Río perdido

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Rápidamente se aproximó el caballo, se detuvo ante ella y el jinete se apeó con rapidez y gracia singular. Sus espuelas tintineaban. Ina se dijo que era el jinete más chocante que había visto. Alto, delgado, ancho de hombros, tostado por el sol, como un indio, con ojos negros penetrantes…, no podía ser sino el amigo de Ben Ide. Ina le reconoció por la descripción que de él le había dado Hettie Ide, mas le pareció que aun sin tales detalles lo hubiera reconocido.

—Buenos días, Ina Blaine —dijo con la voz lenta y suave de los yanquis del Sur, y, quitándose el sombrero, que dejaba al descubierto su cabello negro como el azabache, hizo una cortés inclinación—. Me complace mucho hallarla aquí.

—¡Nevada! —exclamó Ina—. Usted es Nevada, el amigo de Ben, le conozco.

—Paréceme que ninguno de los dos nos hemos equivocado, a pesar de no habernos visto nunca. Nada más natural…, el amigo de Ben y la novia de Ben.

—¡Oh! Me alegro mucho de conocerle —repuso Ina, sonrojándose al alargarle la mano.

—Y… yo a usted, Ina —contestó Nevada quitándose el guante para estrechar la mano de la joven.

—¿Viene usted a verme a mí?

—Sí.

—¿Ha encontrado a mi hermano Marvie? Salió para Río Perdido esta mañana.


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