RÃo perdido
RÃo perdido Su cabeza, por sus enérgicas facciones, tenÃa cierta semejanza con la del águila. Su indumentaria, tanto la parte de tela como la de piel, acusaban largo uso, y precisamente por ello, sentábanle mejor. Llevaba pantalones de cuero de tosca confección y de un estilo que Ina no habÃa visto aún entre los vaqueros de su padre. De un bolsillo en la pierna derecha, más bajo que de costumbre, asomaba la culata de un revólver de terrible aspecto. Los pies de Nevada eran pequeños, iba muy bien calzado y llevaba unas espuelas enormes.
—No puedo llevarle ningún recado a Ben sin descubrirme —decÃa.
—Nevada, usted no puede haber venido aquà tan sólo por motivos de curiosidad —dijo Ina recordando de pronto la sorpresa que le habÃa causado su visita.
—¡Es verdad!, no fue eso, pero de todos modos sentÃa una gran curiosidad por conocerla.
—¿Tal vez desea saber noticias de Hettie? —preguntó la joven con timidez.
Tocóle a Nevada el turno de enrojecer, y el rubor no le sentaba mal. Le quitó momentáneamente aquel singular aire de serenidad.
—Claro que lo deseaba, pero juro que no he venido a propósito para ello —afirmó el vaquero.