RÃo perdido
RÃo perdido —¡Nevada! —exclamó Ina incorporándose, impulsiva—. ¿Qué dice usted? ¡SerÃa horrible!
—Pues matar a Setter puede que sea el único modo de salvar a ustedes dos. Setter no me es desconocido, Ina. Ya nuestros pasos se cruzaron en el Estado de Nevada. Dondequiera que vaya, es el hombre más dominador y prepotente. Claro está que, tal vez, aquÃ, él mismo se pondrá la soga al cuello, en cuyo caso no habrá necesidad de «sacar» el revólver sobre él.
—SÃ, sÃ, Setter caerá en sus propias redes —aseguró Ina.
—Acerca de eso no cabe duda —convino el vaquero—, pero si le dejamos, nos arrastrará a nosotros en su ruina. Y ahora se trata de lo que hacen y están tramando aquÃ… Ina, si yo hubiese estado en RÃo Perdido el dÃa que Setter visitó a Ben…
—Hubiera usted destrozado el corazón de la pobre Hettie —interrumpió Ina.
La réplica desarmó a Nevada, quien bajó la cabeza. Mas a poco se irguió de nuevo.