RÃo perdido
RÃo perdido Ben Ide pasaba unos dÃas de gran cansancio y extrema nerviosidad; pequeños detalles y sinsabores que antes su frÃa sin mentarlas, ahora le ponÃan fuera de sÃ.
Nevada habÃase alejado aquella mañana, de un modo misterioso, sin decirle nada a él ni a Modoc. Su amigo tenÃa por costumbre hacer las cosas asà y Ben no se hubiera molestado de haber estado en cualquier sitio, menos en RÃo Perdido. El establecimiento del campamento de los Blaine en el lado opuesto del lago habÃa sido una catástrofe para Ben.
—Modoc, ¿se ha ido Nevada a aquel campamento? —preguntó a su amigo, el piel roja.
—Yo no hallar ninguna huella en la senda. No entender a Nevada. Él hacer lo que querer.
—¡Caramba!, pues has dicho algo —gruñó Ben—. Ve a, mirar por todas partes, Modoc, es preciso que sepamos en seguida adónde ha ido.
El indio volvió a poco con la noticia de que habÃa encontrado unas huellas del caballo de Nevada en la orilla opuesta del rÃo y que llevaba dirección hacia el oeste del lago.
—Es muy extraño. ¿Será posible que haya ido a Hammell?
—No. Su caballo ir a galope. Nevada no empezar viaje largo al galope.
