RÃo perdido
RÃo perdido —Claro que no. Yo no le importo un bledo, pero a su caballo lo quiere mucho. Cualquier caballo… Modoc, ya lo se… Nevada ha ido al campamento de los Blaine, pero no por el camino corriente.
El indio asintió con un fuerte movimiento de cabeza.
—¡Maldición! —dijo Ben, pensativo—. Nevada va a matar a ese Setter, eso es seguro. No me van a servir de nada mis amonestaciones y súplicas.
Y temiendo lo peor, se mostró cabizbajo y taciturno.
—Alguien, en la senda —le interrumpió el indio señalando con ademán lento hacia abajo.
Ben vio en el lado izquierdo del Pago, a mucha distancia, una nube de polvo y, bajo ella, la oscura figura de un jinete. La esperanza de Ben de que aquel jinete fuese Nevada fue de poca duración. Con ayuda de sus gemelos advirtió que se trataba de un muchacho montado en una jaca, circunstancia que le alivió de su ansiedad. Sin embargo, pensó, bien podrÃa ser un mensajero del campamento de los Blaine, y la paciencia que era necesaria para esperar su llegada era superior a las fuerzas del joven. Antes de que el jinete se acercara lo suficiente para poder reconocerlo, desapareció bajo el borde del promontorio. Cuando volvió a aparecer, ya en la orilla del RÃo Perdido, reconoció el alegre rostro de Marvie Blaine.