RÃo perdido
RÃo perdido —Modoc, cuÃdate de la jaca de Marvie —dijo Ben sentándose para examinar el aparejo de pesca del muchacho—. Yo empleo una caña de una sola pieza fuerte y larga, y toda la cuerda que puedo echar. Estas truchas son tremendas. Si coges con tu anzuelo una grande, hará trizas tu aparejo. ¿Quieres arriesgarte?
—Seguro. Yo le dije a papá que no era muy buena. Me la regaló por Navidad. Si se me rompe, permÃtame usar la de usted.
—Bien. Ahora arrolla la cuerda a tu modo. No hay nada que complazca tanto a un pescador como seguir sus costumbres… Oye, Marvie, ¿has encontrado por casualidad a mi socio Nevada? Se marchó esta mañana en aquella dirección.
—No he encontrado a nadie en el camino y eso que no estuve durmiendo.
—Tal vez haya ido por la otra orilla del lago.
—¿Nevada? ¿Es que iba a nuestro rancho? —preguntó Marvie con gran interés.
—Modos lo cree asà y yo casi también.
—¿Para qué? He oÃdo hablar a los vaqueros acerca de usted y Nevada. Les son ustedes muy simpáticos desde que pegó usted a Less Setter. Aunque sienten más curiosidad por Nevada, porque éste es un desconocido. ¿Por qué habÃa de, ir al rancho de mi padre?
—No lo sé, Marvie, pero estoy preocupado —repuso.