RÃo perdido
RÃo perdido —¡Bah! Me apuesto a que se preocupa por miedo a que Nevada trate peor a Setter que usted —declaró Marque.
—Hijo, casi has acertado —contestó Ben, sonriendo al ver la clara inteligencia del chico.
—Bill Sneed dijo que estaba seguro de que Nevada no le hubiese quitado el revólver para tirarlo. Hubiera «sacado» el suyo sobre Setter… Bueno, Ben, no hace falta que piense en Setter ahora, porque está en Klamath para que le pongan los dientes que usted le rompió.
—¡Pues sà que le he puesto bueno a Setter! —dijo Ben riendo—. Estaba como loco, sólo conservé la serenidad para no usar más que mis puños.
—Hablemos de otras personas: Pensar en Setter me da rabia. Ayer descubrà que su amabilidad conmigo, sus regalos, el prestarme caballos y fusiles, sólo es para quitarme de en medio.
—¿Quitarte de en medio? ¿Por qué?
—SÃ, señor, porque persigue a Ina —afirmó el muchacho con vehemencia—. Tiene cogido a papá en las redes de sus negocios, como dicen los vaqueros, y ahora…
—¿Dices que va tras Ina? —exclamó Ben montando en cólera—. No me digas eso, Marvie, no me lo digas…