RÃo perdido
RÃo perdido —Pues si me equivoco, Ina se comporta de un modo muy extraño —replicó el chico con testarudez—. Creo que tengo razón. ¿Le mandarÃa un recado si no le quisiera?
—¿Un recado? ¿Por quién? —exclamó Ben, dando un salto.
—Pues ¿por quién ha de ser sino por m�
—¡Mal amigo! Has estado aquà horas sin decirme nada. Habla, pronto, o me volveré atrás con el regalo del caballo.
—¡Ajá! Ya sabÃa yo que iba usted a emocionarse —exclamó el muchacho riendo—. Bueno, siento mucho que se haya formado tantas esperanzas porque, en realidad, Ina no dijo gran cosa. Manda sus recuerdos.
—¿S� —dijo Ben con ansiedad al ver que Marvie se detuvo para observar el efecto de sus palabras.
—Y que se alegra mucho de que ustedes hubiesen cogido tantos caballos salvajes.
—¿Qué más? —La voz de Ben era menos esperanza da que ansiosa.
—Y sobre la pelea de usted con Setter y el aspecto de éste cuando regresó, me dijo que le dijera que…
Tuvo que hacer grandes esfuerzos para no sacudir al pequeño bribón que ponÃa su paciencia a tan gran prueba.
—¿Qué? —preguntó.