RÃo perdido
RÃo perdido El joven miraba a su locuaz e imperturbable amigo en imponente agitación. SabÃa que tras las palabras y los hechos de Nevada habÃa siempre un inescrutable misterio. Ben no podÃa sino contentarse con lo poco que compren dÃa de las frases del vaquero. Mas, recordando el pasado, se dijo que los móviles de Nevada, por extraños y oscuros que pareciesen al principio, siempre resultaban luego cristalinos y puros como el oro. Ben veÃase ante el hecho de que Nevada, al parecer, sólo pensaba en él.
—Nevada —preguntó Ben al fin, con grave acento—, ¿has hablado a solas con Ina?
—SÃ, un poco.
—¿Sobre m�
—Claro, hombre. No supondrás que la chica tuviese interés en hablar de este modesto personaje, ¿eh? ¿Y crees tú que iba a perder la ocasión de ponerte por las nubes?
—El caso es que tú y Hettie, y Marvie también, hacéis que Ina me crea millones de veces mejor de lo que soy —dijo Ben con un suspiro de desesperación.
—Pero ¿cómo podrÃamos hacer eso? —replicó Nevada con viveza, demostrando qué fácil era sacarle de su calma.
—Me apuesto a que entre todas, vais a volverla loca por mÃ…, lo mismo que hacéis conmigo por ella.