RÃo perdido
RÃo perdido —Nada eso. Tú, cuando menos, ya estabas antes loco perdido por ella. Ben, lo que tú e Ina necesitáis es ir a un sitio solitario en una noche de luna…
—¡Cállate! —exclamó Ben gritando—. ¿No comprendes que no puedo hablarle a Ina de eso sin ser un mal vado? Soy un proscrito, y puede que traten de ponerme fuera de la ley.
—Claro. Lo mismo que tu compañero, ¿eh? —dijo Nevada amargamente.
—Oh, amigo mÃo, no interpretes asà mis palabras. Eso que de ti dicen, jamás ha tenido influencia sobre mÃ. No me importa lo que hayas podido ser. Lo que me importa es lo que eres para mÃ… el amigo, el compañero más noble y más bueno que pueda haber.
—Gracias —repuso Nevada irguiendo la cabeza—. Tu amigo y tu compañero soy, aunque lo de noble no me va bien. Y por ser amigo tuyo he hablado, y por eso te repito que lo que tú e Ina necesitáis es estar en un lugar solitario en una noche de luna, muy abrazaditos, hasta que comprendáis que no os es posible vivir el uno sin el otro.