RÃo perdido
RÃo perdido —Cada cosa a su tiempo, BenjamÃn —replicó Ina—. O mejor dicho…, el negocia antes que el placer. —Ella se echó a reÃr tanto, que Ben no daba crédito a sus oÃdos—. ¿Qué piensas hacer?
—Pues… no podemos hacer nada sino continuar nuestros trabajos —afirmó Ben, perplejo—. Lo que ha de suceder, sucederá. No me importa que me arresten. No pueden probarme nada en absoluto. De todos modos, me sabrÃa mal por mi madre y por Hettie.
—¡Y por mÃ! —añadió Ina rápidamente.
Ben no se atrevió a sacar la consecuencia de la extraordinaria afirmación. Parecióle que su cabeza estaba a punto de estallar.
—Por mà mismo…, no me importa el arresto —continuó apresuradamente—. Pero estos policÃas no pueden arrestar a Nevada. Si lo intentan, o logrará escaparse, o los matará. Hay que ver lo rápido que es «sacando» el revólver. Es una cosa increÃble. A veces, de broma, «saca» su revólver sobre mÃ, pero… Ina, no es cosa que puedo tomar en broma…, me da escalofrÃos. Porque quiero a ese hombre y barrunta que ha sido algo terrible… no sé dónde.
—Nevada te quiere, Ben —repuso Ina suavemente—. Hará lo que tú le pidas.