RÃo perdido
RÃo perdido —No debà habértelo dicho —dijo la joven arrepintiéndose de su pregunta—. Soy muy rara ahora, yo mis mano me conozco. Olvida lo que he dicho sobre Setter.
—DÃmelo todo, Ina —suplicó Ben con voz apasiona da, asiéndola de los brazos.
La violencia y la rapidez del hecho sorprendieron a la joven, que hubiese caÃdo en los brazos de él, de no sostenerla sus manos. Ben lo comprendió y se aturdió. ¿De qué le servÃa la decisión de ser firme? Y otra vez creyó en la posibilidad de que ella le amase.
—Ben —murmuró Ina—, no me mires asÃ. Yo no he hecho nada que…
—Has dicho que Setter te perseguÃa —le interrumpió el joven—. Dime en qué forma y qué has querido decir con ello.
—Setter es un mal hombre —contestó Ina—. Se atrevió a hacerme el amor. Me buscaba cuando sabÃa que estaba sola. Si le veÃa a tiempo, me escapaba. Pero hallándome desprevenida… era preciso luchar con él.
—¡Dios mÃo! —exclamó Ben, furioso—. ¿Y tu padre permite que esa vÃbora esté en vuestra casa? Maldito sea Setter…, le voy a…
—¡Cállate! —suplicó la joven, emocionada—. ¿Es que no puedes escuchar las cosas sin alterarte? Eso fue hace muchas semanas. Setter ha cambiado de táctica; ahora parece que quiere obligarme a que me case con él.