RÃo perdido
RÃo perdido —¡Ina! —Ben estaba fuera de s×. Yo mismo mataré a Setter.
—¡BenjamÃn! —La voz de ella era un gemido. Su rostro palideció enormemente. Sus ojos parecÃan agrandarse al mirarle horrorizada—. ¡Oh…, Dios mÃo…! ¿Qué he hecho?, —y librando sus brazos, le rodeó el cuello.
—Por el amor de Dios, Ina, ¿qué quieres decir?
—Si matases a Setter… te… ahorcarÃan… y yo me morirÃa —respondió la joven, angustiosa.
—No le mataré. Ni siquiera iré a buscarle —dijo Ben en su afán de tranquilizarla.
—¿Me lo prometes? —suplicó Ina.
—Te lo prometo todo…, todo —repuso Ben flaqueando.
La joven le soltó retirando lentamente sus brazos y cuando Ben se lió cuenta de la realidad de sus sentimientos, ella le sonrió. Fue demasiado para el joven; inclinándose, exclamó con voz angustiosa:
—Me lo temÃ…, no debà hablarte… ¡Qué tonto soy! Ahora va lo sabes…, te quiero…, te adoro… y mi amor me mata.
Sintió que Ina le acarició suavemente el cabello y se estremeció al contacto de su mano.
—No hace falta que te mueras por eso, querido Ben —repuso la joven con voz honda y suave—. Porque yo también te amo.