RÃo perdido
RÃo perdido —Oye, Nevada —exclamó Ben—, ¿es que crees que hay algo entre Bill Hall y Setter?
—SÃ, señor, eso creo. No me sale de la cabeza.
—¡Dios mÃo! Qué descubrimiento tan terrible seria para mi padre y el de Ina… ¡Oh, no, Nevada, no es posible!
—Tú no conoces el negocio de ganado vacuno en una región nueva como ésta. El trabajo de Setter es como la labor de los faquires en el circo. Lo que me sorprende es que Setter se empeñe en seguir aquÃ. Hace tiempo que debió marcharse, pues seguramente habrá hecho ya su agosto. Sin embargo, la súbita riqueza de tu padre y de Hart Blaine, lo poco avezados que son los dos en los negocios, puede ser la causa de su permanencia aquÃ.
—SÃ, eso y también Ina —contestó Ben—, es difÃcil creerlo, pero ella misma me lo contó. Porque, Nevada, si se casase ese bandido de Less Setter con Ina, su posición se afirmarÃa de tal modo que nada podrÃamos hacer contra él, aunque descubriésemos sus trapisondas.
—Es verdad, y Setter lo sabe. Pero, amigo, ten también por seguro que Setter no se fÃa de las incertidumbres de la vida —repuso Nevada, que habÃa vuelto a ser el hombre ecuánime, sereno y frÃo de siempre.