RÃo perdido
RÃo perdido —Claro. Esta región es muy selvática. Yo apostarÃa a que el Rojo de California y su hatajo saben de manantiales que ni los bandidos han —visto.
—Caramba, ¡pues no me habÃa yo olvidado de ese endemoniado caballo! A fe que serÃa un grave inconveniente si tropezásemos con el Raja en el momento de sorprender a Bill Hall y su pandilla, ¿eh?
—¡Cielos! ¡SerÃa horrible! La ruina para nosotros —exclamó Ben, sobrecogido.
—¿Cómo es eso? No te entiendo.
—Bien sabes que lo dejarÃa todo en absoluto para cazar a ese caballo.
—Me habÃa olvidado… —dijo Nevada, y al punto empezó a insultar a Ben como sólo sabe hacerlo un vaquero del Oeste.
Ben bajó la cabeza, avergonzado. SabÃa que merecÃa todo lo que Nevada le estaba diciendo y mucho más. Pero… ¿Quién podrÃa comprenderlo? El solo recuerda del Rojo de California le emocionaba sobre manera.
—Oye, Ben Ide —continuó Nevada, inexorable—, si tu novia estuviese colgando sobre ese precipicio, sosteniéndose sólo con una mano, y aquà viniese a abrevar el Rojo…, irÃas a coger el caballo, ¿verdad? .
—No, claro que no, idiota —afirmó Ben acalorada mente.