RÃo perdido
RÃo perdido —Modoc debe estar aquà pasado mañana —observó Ben, después de la cena, cuando los dos amigos estaban sentados al calor de la fogata.
—Antes. Ese indio sabe montar a caballo como pocos, cuando va solo —repuso Nevada.
—Dijo que vio a los bandidos desde una de las altas cimas y que volverÃa a encontrarlos —dijo Ben, pensativo—. Y en el caso que los encontrásemos… ¿qué debemos hacer?
—Nada mas fácil. Nos acercaremos los tres cuando duerman y, apuntándoles con las armas, los despertaremos y los sujetaremos.
—¡Cielos!… Tal vez podrÃamos hacerlo —aseveró Ben dándose un golpe en la rodilla.