Río perdido
Río perdido Mientras Nevada echaba una última mirada a los caballos, Ben apagó la fogata; luego abrió las mantas para hacerse la cama y se sentó encima y se quitó las botas. Poco después se halló cómodamente acostado, mas sin sentir por eso ganas de dormir. Nevada empezó a roncar tan pronto se tumbó sobre sus mantas, no lejos de su amigo.
El viento gemía en los cedros de anchas copas. El aire era frío, amenazaba helar aquella noche. Ben recordó que el verano estaba tocando a su fin. La luna seguía en su curso la ondulante cima de la sierra negra como un buque plateado. Oíase como los caballos pacían; una zorra ladró desde los matorrales. Ben, al revolverse en su lecho, sintió el frío contacto del cañón de su fusil en la mejilla y al instante recordó su intención de capturar al bandido, algunos de cuyos criminosos hechos se le imputaban a él. Nada podía reprochar a Bill Hall; pero odiaba a Less Setter y los que, como él, le habían difamado: