RÃo perdido
RÃo perdido Ben Ide levantóse antes de la salida del sol para encender la fogata, pues el intenso frÃo le habÃa despertado. El charco estaba cubierto de una fina capa de hielo.
—Mucho frÃo hace para ser verano —murmuró Ben calentándose las manos en la lumbre—. Pero, claro, estamos a gran altura y el verano empieza a declinar.
Después despertó a Nevada sacudiéndole enérgicamente. El vaquero se, incorporó, protestando a grandes voces.
—¿Cómo estás, viejo camarada? —respondió Ben—. Bonita mañana de frÃo para ponerse las botas… Tú, prueba… ¡Caramba con el sinvergüenza! ¡Has dormido con las botas puestas!, jamás llegarás a civilizarte.
—Es que me las mojé anoche —explicó Nevada levantándose perezosamente—. Estaba seguro de no poder ponérmelas si me las quitaba… Bueno, hombre, date prisa en el desayuno.
—Tú ve a buscar los caballos.
Nevada, para lavarse, rompió la capa de hielo y dio varios alaridos de placer.
—¿Has metido… tú… la cabeza… aquà dentro?
—Ya lo creo. El agua está bien —repuso el joven—, te quitará esa pereza que tienes.
