RĂo perdido
RĂo perdido —¡Ajá! Los veo, Ben —murmurĂł Nevada, agitado, señalando con el dedo—. Debajo de nosotros…, aquel claro entre los árboles… Mira bien… uno…, dos…, tres…, cuatro jinetes y un caballo de carga. Pues han arreglado pronto el equipo, a no ser que estuviesen preparados… ÂżLos ves, Ben?
—SĂ. He contado cinco hombres y sĂłlo un caballo que lleve el equipo. Nevada, parece que tienen mucha prisa.
—Naturalmente. Nos han visto y tienen miedo. Es fácil ver cuando huye la gente. Por lo menos, yo lo sé porque he estado en el mismo caso.
—¿Qué vamos a hacer? Cojámosles la delantera.
—Desde este lado es imposible. Me apuesto a que estarán en aquel ramal. Si asà lo hacen, Modos no los perderá de vista.
—Tal vez no estén tan mal las cosas.
—Ben, dentro de un minuto pasarán frente a nosotros —aseverĂł Nevada—. Tengo una idea. Ellos no saben cuántos somos. Vaciemos los dos nuestros Winchesters, luego nuestros revĂłlveres, todo lo aprisa posible. Hay más de trescientos metros hasta el fondo de la cañada y no podemos herir a nadie, pero oyendo tantos disparos, creerán que hay un ejĂ©rcito de policĂas y vaqueros persiguiĂ©ndoles. Se asustarán mucho y les seguiremos fácilmente.