RÃo perdido
RÃo perdido Los jinetes, desaparecieron un momento tras una elevación herbosa, y a poco se les vio otra vez en el fondo llano de la cañada. De pronto oyéronse rápidos disparos de rifle en la parte superior de la cañada en que habÃan entrado.
—¿Oyes? Ése es el 45 de Modos —exclamó Nevada, fuera de sà de contento—. Nos ha comprendido y esperaba que pasasen por allÃ… Uno, dos… ¡Qué ruido tan infernal hace ese rifle, parece un cañón! Y di, ¿dónde están, los bandidos?
—Se han espantado y corren como locos —contestó Ben, tan agitado como su amigo—. ¡Escucha los disparos de Modoc!… ¡Seis…, siete…, ocho…, nueve…, diez! Y ahora, el eco en la estrecha cañada. Parecen otros tan tos disparos.
—La verdad es que hemos producido un ruido infernal. Están huyendo como almas que lleva el diablo. Me apuesto a que creen que hay un ejército en ambos bordes de la cañada.
—Me he divertido mucho, y seguramente nos servirá de algo, pero… ¿qué hacemos ahora?