RÃo perdido
RÃo perdido —Hall tomar mala dirección. Salida buena por gran cañada. Hall creer muchos hombres disparar tiros…, tener miedo…, escapar por cañada pequeña. Sin salida hasta lago Mule Deer. Veinte millas. No haber agua…, no haber hierba. Al llegar a lago Mule Deer, Hall muy cansado, no atreverse entrar en los ranchos. Tener que ir cuevas Modoc por agua. Nosotros ir detrás… cogerlos como los caballos.
Ése fue el discurso más largo que pronunciara el indio, siempre parco en palabras. Seguramente impulsáronle a hablar tanto la importancia del asunto y la satisfacción que le produjo el hecho. Ben sabÃa que Modoc no se equivocaba nunca en sus afirmaciones y cálculos sobre asuntos relacionados con las regiones selváticas. HabÃa dicho que encontrarÃan a los bandidos; ahora afirmaba que los cazarÃan; lo primero se habÃa realizado, y también sucederÃa lo segundo. A falta de adecuada expresión de su alegrÃa, Ben dio al indio una fuerte manotada en el hombro.
—Un bandido estar herido —continuó Modoc—. Ben tirarle. Hombre quedarse atrás. Yo ver bandidos mirar atrás…, gritar…, hacer señas. Pero herido no avanzar aprisa mucho tiempo.
—Tengo el presentimiento —gritó Nevada, de pronto, con voz estentórea— que vamos a coger a Hall…, vivo o muerto…, eso no lo sé, ni importa. Si le matásemos, podemos probar que robó el ganado de tu padre.