RÃo perdido
RÃo perdido —Malas noticias son ésas, Ben. Pero no seas pesimista —exclamó Nevada, tocándole cariñosamente en el hombro—. Tu madre no es vieja. Creo que al verte se animará y es posible que se ponga buena. No te dejes llevar por el pesimismo. Éste ha sido tu mal, como el mÃo fue la bebida. Terminemos de una vez con los dos… Venga esa mano.
—¡Vive Dios! Nevada, tú tienes algo entre ceja y ceja y quieres arrastrarme contigo —repuso Ben levantándose violentamente, y, alargando la mano, estrechó la de su amigo—. Es preciso dejarme de preocupaciones; demasiado me he preocupado hasta ahora.
—Amigo, eso no está bien —le atajó Nevada—. Si nada te importa en la vida, no eres bueno. A mà me pasó; nunca me preocupó nada… hasta que llegué aquÃ. Seamos valientes y demos un mentÃs rotundo a todo el paÃs.
—Si hubiera en mÃ… lo que Hettie cree… lo que tú crees —murmuró BenjamÃn roncamente, luchando por dominarse.