RÃo perdido
RÃo perdido —Pues yo sÃ. Una a cada lado. Hall estaba atento y disparó con increÃble velocidad. Tal vez no me resguardé a tiempo… A fe que ahora ya sabemos cómo las gasta ese bandido de Bill Hall, ¿verdad?
—No te expongas más —aconsejó Ben—. Es mejor evitar todo riesgo.
Modoc relevó a Ben a medianoche, y cuando llegó el amanecer, el joven hizo el desayuno y lo llevó a sus compañeros, relevando luego a Nevada para que éste pudiera dormir. Los bandidos habÃan retirado, en efecto, sus provisiones, llevándose además a su compañero herido al interior de la caverna. Asà quedó establecido el sitio; éste imponÃa a los sitiadores una constante y enorme vigilancia, mas el premio era tan grande, que, ni un instante siquiera perdieron los ánimos. Las horas transcurrieron con rapidez. Cada uno de los tres se ocupaba, cuando le tocaba el turno, de los deberes del campamento; Modoc se cuidaba, además, de los caballos y de acarrear el agua necesaria. Al tercer dÃa del sitio regresó al campamento con la buena noticia de haber podido coger a los caballos de los bandidos.
—¡Hurra! —exclamó Nevada al oÃrlo, y dio a Ben tan formidable puñetazo en el costado que el joven sintió el dolor varias horas.