RÃo perdido
RÃo perdido —SÃ.
—Oiga usted, señor piel roja, ¿por qué ha tenido que decÃrselo? —dijo Nevada gritando enfurecido.
—Yo siempre decir al amo —contestó el indio.
—¡Ay, Dios!… ¡Qué mala suerte tenemos! —exclamó Nevada en tono lúgubre, dejándose caer atrás como si todo hubiera acabado.
Ben se quedó mirando fijamente al indio, temblando como un azogado. HabÃa comprendido, de pronto, al saber que el codicioso garañón iba al fin a beber a las cavernas, que si ahora vacilaba un solo instante, estarÃa perdido para siempre.
—Modoc —dijo con voz ronca—, toma el hacha y ve a destruir aquella puerta que hicimos para cazar caballos. Y sin añadir una palabra, se entregó a su tarea de vigilar a los bandidos.
—Agua caverna acabar pronto —observó Modoc—. Entonces caballo rojo ir lejos.