RÃo perdido
RÃo perdido —Es un hecho, a no ser que todos los vaqueros mientan. Y no veo por qué habÃan de mentir. Ese Rojo es un animal muy cuco. CreÃamos que estaba vagando por los campos de lava y las cuevas de Modoc, donde hay tantos caballos salvajes, o en cualquier otra parte de esa enorme extensión de terreno al este del lago Pato Salvaje. Mas ese endiablado garañón ha permanecido todo el invierno tan sólo a diez millas de nuestra cabaña. Supongo que los que lo sabÃan no creÃan en la posibilidad de cazarlo. Yo, en cambio, te digo que el invierno es la mejor época para cazar caballos salvajes, y te lo he de probar.
—Ahora es tarde. La primavera está próxima. De todos modos, tú y Modoc os iréis mañana al lago Mule Deer.
—¡Ya lo creo! Pero… me disgusta decÃrtelo, Ben; de ahora en adelante habrá más de una partida de caza para coger al Rojo.
—¿Por qué ahora más que el invierno o el verano pasados? —preguntó el joven prestamente.
Pues… he oÃdo hablar mucho por ahÃ, sobre todo en las tabernas. Hay un nuevo rico, un tal Blaine, quien ha ofrecido diez mil dólares por la captura del Rojo de California, sano y domado.