RÃo perdido
RÃo perdido —¡Blaine!… —exclamó BenjamÃn, asombrado—. Se trata de Hart Blaine, porque no hay otro. Es vecino de mi padre… ¡Diez mil dólares! ¡Pues si es una fortuna! Y antes era tan avaro que no daba siquiera una manzana a un niño. ¡Cuánto dinero!
—DeberÃas estar muy satisfecho —afirmó Nevada—, porque nadie más que tú va a cazar al Rojo.
—No pienso en el dinero, sino para qué querrá Blaine ese caballo. ¡Y encima, sano y domado! No lo entiendo.
—A mà no me extraña. Hay muchos rancheros en el norte de California que darÃan cualquier cosa por poseer lo. No sé que vaquero dijo que Less Setter ofrece por él más de diez mil dólares. Si es verdad, creeré que el dinero abunda ahora en esta comarca… y tenlo por seguro que me fijaré bien en todos los caballos que vea en la montaña… SÃ, sÃ, BenjamÃn Ide, lo que oyes… Bueno, volviendo a Blaine, creo que éste quiere el Rojo para su hija.