RÃo perdido
RÃo perdido —A usted no —replicó Ina levantando los ojos, al parecer muy serena.
El aspecto de Setter habÃa mejorado mucho desde la última vez que le vio, aunque todavÃa llevaba en su rostro las señales de su pelea con Ben. Lo que más desconcertaba a Ina, lo que la predispuso a la lucha, era la rara confianza que expresaba su rostro.
—Señor Setter, ¿quiere hacerme el favor de salir de la oficina? —rogó la joven, añadiendo—: Tengo que trabajar y no puedo hacerlo estando usted aquÃ.
—¿Por qué no se acostumbra a mi compañÃa?
—Nada en el mundo podrÃa inducirme a ello.
—Gasta usted un lenguaje fuerte esta mañana —murmuró Setter mirándola descaradamente—. ¿Qué le ha pasado?
—Mis sentimientos nada le importan a usted —exclamó Ina—. ¿Quiere irse?
—No. Y tampoco puede usted echarme —repuso Setter con insolencia—. Ya que me obliga, le daré que este despacho me pertenece más a mà que a Hart Blaine.
Ina no reveló sorpresa alguna. Aquello era precisamente lo que esperaba oÃr. Aunque el oponerse a Setter podrÃa conducirla a una situación embarazosa, cuando menos ten drÃa la ventaja de enterarse de algunas cosas que le interesaban conocer.
—¿Ah, s� Creo que miente usted —respondió la joven con la misma insolencia.