RÃo perdido
RÃo perdido —No es mentira —exclamó Setter alzando la voz—. Tengo la firma de su padre en un documento muy importante. El negocio con Macadam no se realizó; Amos Ide se echó al fin atrás. El Banco de Hammell tiene pagarés con la firma de Hart Blaine por doscientos mil dólares, y cuando a mà me dé la gana, los harán efectivos. Entonces perderá su hacienda y su ganado.
—Bien… Supongamos que todo eso fuese verdad… ¿Qué pasarÃa? —preguntó Ina.
—Pues…, o se casa usted conmigo… o yo arruinaré a su padre —contestó Setter inclinándose hacia ella.
—¿Pero todavÃa piensa usted en eso, señor Setter? —dijo Ina, pretextando asombro.
—¿A qué se refiere?
—Al matrimonio conmigo. ¡Es tan ridÃcula la pretensión! Aunque no le despreciase, tampoco me casarÃa con usted.
—Le digo que arruinaré a su padre —dijo Setter gritando con furia—. Puedo hacer de él un mendigo.
—¡Hágalo! —exclamó Ina con gran calor—. ¿Qué importa? Mi madre y yo nos alegrarÃamos de la pobreza. Odiamos la riqueza que de pronto alcanzó mi padre. Porque eso le ha arruinado más que los hombres malva dos como usted.