RÃo perdido
RÃo perdido —Judd y Walker acaban de regresar —exclamó jadeante—. Están esperando a papá… antes de celebrar…, antes de reunirse en tribunal.
Ina se dirigió con paso rápido a la tienda de su madre, la que ya se hallaba mejor, pero que aún no trabajaba, y encontró allà a su padre.
—Papá, esos policÃas de Redlands han vuelto y desean que vayas —anunció la joven.
—Bueno, me alegro —repuso su padre con voz cansa da—. Ojalá su presencia sirva para aclarar todo el enredo.
Ina le cogió del brazo y, contemplando su rostro, reflexionó un momento antes de hablar.
—Papá, ¿quieres escucharme? —suplicó.
—Claro que sÃ, hija mÃa.
—Quiero decir, escucharme de veras —continuó Ina siguiendo de pronto a un extraño impulso—. No puede hacer daño y tal vez sirva para algo bueno.
—Bien, hija mÃa, triste serÃa mi caso si no pudiese es cuchar con seriedad, a mi hija preferida por cuya educación tanto me desvelé.