RÃo perdido
RÃo perdido —¿Que no sé yo el frÃo que hace? ¿Por qué me has quitado el sueña? ¿Es que papá…?
—No; que yo sepa, hay paz en todas partes, pues todos duermen. Ha sido necesario despertarte porque si yo fuese una muchacha y amase a mi cazador de caballos salvajes, me gustarÃa ver lo que estoy viendo ahora.
—¡Marvie! Yo te… —exclamó Ina, medio enfadada, medio riéndose.
—Ina, el lago se ha helado esta noche y los caballos salvajes están sobre el hielo. Hay siete, y están muy cerca del sitio donde vive Ben Ide.
—¿Palabra, Marvie? —preguntó la joven emocionada.
—¡Palabra!
—Voy a levantarme a pesar del frÃo. Ve a buscarme agua caliente. Yo te dejaré mis prismáticos.
Apenas tuvo Ina tiempo de ponerse ropa de abrigo, cuando ya Marvie regresó con el agua. La joven le entregó los gemelos, y oyó como el muchacho bajó de un salto los escalones. Después le olvidó, mas, a poco, sus exclamaciones le recordaron que aún estaba cerca.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! —decÃa extático.
—¿Qué te sucede, Marvie? —exclamó su hermana de teniéndose en sus abluciones.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! —continuó diciendo el muchacho en el mismo tono de admiración.