RÃo perdido
RÃo perdido —¡Hum! Claro que no… Pero debiste decÃrmelo. Las cosas hubiesen sido distintas, a pesar de que sea testa rudo como dicen… Ahora es tarde. Harán de Ben un ladrón de ganado aunque no lo sea. Pero…
—Papá —gritó Marvie en aquel momento desde la puerta—, ya están aquÃ.
Blaine salió de la oficina, seguido de Ina y de su madre. En la plazuela habÃan entrado cuatro jinetes. Blaine avanzó, y los vaqueros se agruparon tras él. Ina sintió que Marvie la cogÃa de la mano y que murmuraba palabras rápidas, pero nada pudo entender. Su madre apareció nerviosa también. De pronto, los tres no pudieron seguir avanzando, a causa de los grupos de vaqueros. Ina miró con ojos fijos por encima del hombro de uno.
Judd acababa de detener un caballo; su ancho rostro era todo una sonrisa; estaba haciendo ademanes con la mano enguantada, que correspondÃan a la expresión de sus ojos.