RÃo perdido
RÃo perdido Ina sufrió un choque terrible; parecÃa que todo se helaba en ella de pronto…, que iba a caer; mas haciendo un esfuerzo, logró dominarse. Se quedó mirando fijamente a Ben. Vio la angustia de su rostro. Las terribles Palabras de su confesión tronaban aún en los oÃdos de la joven. ¡Era culpable! HabÃa hecho traición a sà mismo, peor aún…, a ella…, a su amor; Ina quedó con el corazón des trozado al comprender la amarga verdad. Mas anhelaba volar a él, estar a su lado aunque fuese mil veces culpable.
—Bien, muchacho —oyó decir a su padre, asombrado y dolorido—, me parece que nada puedo hacer por ti. Hubo un movimiento en el cÃrculo de los vaqueros, a la izquierda de Ina. Setter entró en la plazuela, pálido, los ojos llameantes. Tras él iba Amos Ide, oculto por el primero.
—¡Ah, Judd!…, sólo trae usted a dos, Ide y el indio. ¿Dónde está el tercero? ¿Aquel que llaman Nevada? —preguntó Setter con voz fuerte y autoritaria.
—Se escapó —repuso, Judd.
—¡Cómo! ¿Se dejó usted escapar a ése? ¡Vaya un policÃa! —exclamó Setter, furioso.