RÃo perdido
RÃo perdido —Haga el favor de estuchar antes de formar Juicio —protestó Judd—. Ese Nevada se mostró bastante tratable hasta que vio las esposas que sacó Walker. Entonces exclamó: «¿Pero tenéis la desfachatez de querer ponerme eso a mÃ…?». Walker se empeñó en esposarle y recibió tal puñetazo que cayó al suelo. Luego, Nevada montó de un salto en su caballo y huyó. Disparé tres veces sobre él, pero sin herirle. Se fue tras Bill Hall y sus bandidos.
Ina, que no quitaba la vista de Setter, vio de pronto que éste se estremecÃa, aunque su rostro no revelara nada.
—¡Bill Hall!… ¿Qué quiere usted decir?… ¿Que Nevada se fue tras Bill Hall?
—Quiero decir lo que digo —replicó Judd, amoscado. SentÃase zaherido porque su gran hazaña no habÃa encontrado el entusiasmo que esperara—: Bill Hall y los suyos estaban con Ide. Todos habÃan contribuido a cazar ese garañón salvaje que llaman el Rojo de California.
—¿Bill Hall con Ide, cazando caballos salvajes? —exclamó Setter, como si no hubiese oÃdo bien.
—Oiga usted, señor Setter —repuso Judd con soma—, ¿es que usted no esperaba que Bill Hall y Ben Ide estuviesen juntos?