Río perdido
Río perdido Ina vio que la angustia del rostro de Ben trocóse en severidad y que bajaba la cabeza. Sólo había pedido una última merced, la de que un imperdonable crimen no tuviese la aprobación de su padre, y ahora sentíase maldecido. Si Ina hubiera poseído la fuerza necesaria se hubiese colocado de un salto al lado de Ben para revelarle su amor, su lealtad. Pero no podía moverse. Había dudado de él; había creído en la acusación que él mismo se dirigió, y ahora se odiaba por su flaqueza. ¡Demasiado tarde! El momento había pasado. Aunque ahora pudiera ir a él para suplicarle que alzase el rostro, sería demasiado tarde, pues ella se daba cuenta de su propia deslealtad. No supo elevarse a su altura en aquella terrible hora de prueba. Y la angustia la estaba consumiendo cuando sintió que alguien la cogía. Era Marvie, tembloroso, in capaz de hablar, Señalaba camino abajo. Los ojos sor prendidos de Ina vieron un caballo…, un jinete que se aproximaba con la velocidad que caracteriza a los vaqueros en sus carreras. ¿Quién podría ser? ¡Con qué increíble rapidez avanzaba! ¡Ya alcanzaba la puerta, cruzaba el corral! El rítmica batir de los cascos era ininterrumpido.
Vio una larga cabellera negra flotar al aire… ¡Era Nevada!