RÃo perdido
RÃo perdido —Setter, fÃjate en el camino —exclamó Nevada—. FÃjate en quién viene. ¿Verdad que ves muchos jinetes? ¿Qué están demasiado lejos?… Pues son Strobel y sus agentes que vienen con Bill Hall. He ayudado a Strobel a coger a los bandidos. He obligado a Bill Hall que dijera a Strobel quién eres. Y les he dicho que viniesen aquÃ… ¡Cómo nos vamos a divertir cuando Hall diga al señor Blaine y al señor Ide quién eres tú!
El pánico habÃase apoderado de Setter, mas éste no parecÃa fijarse en la denuncia de Nevada. HabÃa en su actitud algo más vital, más Ãntimo. Su rostro revelaba el alma perversa de un hombre de tremendas pasiones que se, ve traicionado, derrotado, vencido, Sus ojos salÃan de sus órbitas como globos negros. HabÃa en él algo que indicaba que una fuerza interior pugnaba por salir. Setter no ignoraba lo que Nevada sabÃa.
Con ademán espasmódico tiró de su revólver.
¡Pam! ¡Pam! El revólver de Nevada habló dos veces, con tanta rapidez que los dos disparos parecÃan uno solo. Las balas removieron el polvo de la tierra a alguna distancia de Setter. HabÃanle traspasado limpiamente. Setter parecÃa paralizado…, sus ojos pusiéronse vidriosos; luego cayó como un saco vacÃo al suelo.
Nevada se acercó con rápidos pasos, el revólver humeante, y miró al vencido.
—¡Ajá! —exclamó, como poniendo frÃamente un punto final a un hecho consumado.