RÃo perdido
RÃo perdido Ben siguió contemplando la pardusca ladera por la que Nevada desapareciera tan raudo. Adiós, amigo. Estamos en paz. Eternamente recordarÃa esa despedida. Nevada acababa de salvarle, mas obtener la liberación a costa del amigo antojábasele un precio demasiado fuerte. De entre sus encontradas emociones sobresalió el anhelo de volar en seguimiento del amigo venerado.
Otras sensaciones arrancaron a Ben de su turbación. Alguien le tiraba del pie. Era Marvie, que le contemplaba como quien contempla a un héroe. En el otro lado habÃa alguien que cogÃa sus esposadas manos. Era Ina, que, sollozando, se apoyaba contra el caballo. Sus ojos revelaban su profunda emoción, sus indecibles pensamientos.
También estaba allà Bill Sneed, descubierto, ceñudo, un rictus de dureza en la boca.
—Señorita Ina, suéltele las manos —dijo, haciendo un esfuerzo—. Estas llaves de Judd están llenas de sangre… Ya está, Ben.
—Gracias, amigo —repuso Ben abriendo los brazos, lleno de extraña emoción ante lo que representaba la libertad.
Al bajar las manos, Ina cogió la derecha entre las suyas y se la llevó a los labios, el rostro bañado en lágrimas. Las gentes rodeaban el grupo, estrechando el cÃrculo, sin quitar los ojos del libertado.
