RÃo perdido
RÃo perdido —No —repuso Hall—, no los conocÃa. Pero la última vez que hablé con Setter, hace más de un mes, no cesaba de hablar del gran golpe que preparaba. No dijo en qué consistÃa, aunque ahora ya se ve lo que era. Estaba empeñado en que ese joven Ido apareciese como ladrón de ganado, y eso por motivos que entonces no comprendÃ. Ésa fue la causa de llevar parte del ganado de Amos Ide a aquella cañada. Aquà es donde entran Judd y Walker. Cuando los he visto hace poco, muertos en el suelo, comprendà claramente su oficio. Tal vez Judd era un alguacil de verdad, pero si van ustedes al condado que representa, verán que sólo le conocen allà desde hace poco y que, gastando el dinero a manos llenas, fue como se hizo nombrar policÃa. Otro truco ya muy conocido de Setter.
Hart Blaine echó una mirada llena de piedad y de sarcasmo a Amos Ide, y después se dirigió a Marvie.
—Ahora puedes hablar, hijo mÃo —le dijo con cariño—. Allà fuera no has tenido ocasión, pero tu padre estaba dispuesto a oÃrte desde el primer momento. ¡Habla, pues! Cogà un caballo y me escapé para vigilar a Judd y Walker —empezó el muchacho, lleno de miedo.
—¡Ajá! Creo que es la primera vez que de una escapada sale algo bueno. Esta vez te salvas de la paliza. ¡Continúa!