RĂo perdido
RĂo perdido CogĂ los gemelos de Ina y me fui al lado oeste del lago, donde me apeĂ© para esconderme entre la artemisa. De este modo avancĂ© hasta ver la cabaña de Ben. Me puse a vigilar. Vi que Judd y Walker llevaban un saco pesado al granero de Ben. Cuando salieron, no lo tenĂan. Y…
—Strobel —dijo Blaine al alguacil, interrumpiendo a su hijo—, ha de saber usted que Judd trajo aquĂ algunas orejas, marcadas, de toros, jurando que procedĂan de un saco que estaba en el granero de Ben. Dijo que habĂan dejado el saco allĂ para enseñárnoslo.
—Pues bien, papá, el saco no estaba allĂ antes de ir Judd —exclamĂł Marvie—, porque yo he ocultado siempre mi aparejo de pescar en el desván del granero. He ido allĂ, cuando menos, doce veces, y nunca, nunca, he visto ese saco.
Blaine mirĂł a su hijo con grave sonrisa.
—Marvie, entre otras cosas que salen ahora a la luz del dĂa —observó—, parece que está el hecho de que tĂş has cogido un caballo y te has ido a RĂo Perdido, digamos, cuando menos doce veces.
—SĂ…, papá —balbuceĂł Marvie, asustado.
Blaine atrajo a sĂ al muchacho y le dio un abrazo, brillando en sus ojos acerados una curiosa luz.