RÃo perdido
RÃo perdido —¡Huy! Papá me asustó mucho cuando tuve que confesar mis escapadas. Pero ahora sé que, entre usted, Ina y yo, hemos vencido.
—Asà parece, Marvie —dijo Ben avanzando con paso rápido, mientras el muchacho corrÃa a su lado.
—Ben, a su padre de usted le pasa algo peor —continuó Marvie con su charla—. ¿Ha visto usted qué cara puso cuando el mÃo acabó su discurso?
—No… Marvie…, no me he fijado —contestó Ben roncamente.
—Pues debió usted haberle visto… Estaba terrible… Pero luego le hablarÃa usted, ¿verdad?
—No, Marvie; me eché a correr nada más.
—Pero lo hará, ¿verdad, Ben? —preguntó Marvie con mucha seriedad—. A1 fin y al cabo, es su padre… Mire, ahà está Ina en su hamaca…, y está llorando.
Aproximáronse los dos al enebro y a la hamaca. Ben pensó que los ojos de Marvie eran mejores que los suyos o, cuando menos, veÃan mejor en aquel instante, porque él no veÃa sino un rostro agradable y unos ojos muy tristes.
—¡Ina!
Marvie movió la hamaca.
—Escuchad. Voy a volverme un momento —exclamó con malicia.