RÃo perdido
RÃo perdido —Pues no se enfadó poco mi padre anoche cuando le dije que algún dÃa iba a actuar de maestra de escuela aquà —musitó Ina—. ¡Y mamita puso una cara de reina ofendida! ¿Qué les habrá pasado a mis queridos padres? Creo que les debe de importar mucho mi educación. ¿Qué se propondrán? Caramba, cuán vieja y sabia me siento… ¡pero no, aquà estoy otra vez en mi elemento y quiero gozar la vida!, jugar con Dall en los montones de heno, pescar y nadar y cabalgar con Marvie. ¡Con qué ansiedad me lo pidió el chico!… ¿Y Ben Ide?… Ni una carta de él en todos estos años. ¡Querido Ben! ¡Cómo vuela el tiempo! Dicen que Ben se ha vuelto malo, pero no lo creo, nunca lo creÃ. Siempre era un chico un poco raro, distinto de los demás, pero buenazo en el fondo… ¿Me habrá olvidado? TenÃa un año menos que Archie, de modo que ahora tiene veinticuatro. Ya es todo un hombre. Los cinco que me lleva no importaban tanto cuando yo sólo tenÃa quince.
La joven se asomó a la ventana contemplando la gloriosa mañana. El fresco arre vibraba de ruidos… el grito de los patos silvestres, el canto de los pájaros primaverales, el berrear de los terneros y el mugido de las vacas. Los pastos estaban animados con caballos, ganado vacuno y cerdos. Cantaban los gallos y por entre los setos osase el alegre silbar de un vaquero.